• Aarón Almansa

Del Internet de las Cosas al de los Sentidos

Actualizado: 4 oct 2021

Internet de las Cosas

El IOT (Internet of Things) o Internet de las cosas surgió como una evolución del mundo físico al mundo digital en la era de Internet.

La proliferación de sensores instalados en todas partes permite la captura de datos a través de diferentes dispositivos como relojes inteligentes, medidores de actividad, cámaras de seguridad, sensores de temperatura, micrófonos o incluso los propios teléfonos móviles. Ante esta ingente cantidad de información recogida, la inteligencia artificial y las tecnologías de machine learning están ayudando con IOT a mejorar muchos aspectos tanto de nuestra vida cotidiana como de ciudadanos, y también ha conseguido optimizar muchos procesos de negocio empresariales. Algunos ejemplos destacables son:

  • Control por voz de dispositivos en los hogares: televisión, bombillas, enchufes, ..

  • Ayudas en la conducción para evitar que nos salgamos del carril o nos acerquemos demasiado al vehículo que nos precede, endureciendo la dirección o frenando automáticamente para evitar una colisión

  • Conseguir ciudades sostenibles, social, económica y medioambientalmente, en los que se denomina ciudades inteligentes o Smart Cities, recogiendo multitud de datos para por ejemplo optimizar la frecuencia del transporte público, regular el tráfico urbano, o reducir la contaminación

  • La Industria 4.0, que permite poner en marcha una fábrica inteligente digitalizando los procesos de fabricación consiguiendo mejoras en la eficiencia, el mantenimiento y el control de calidad en los procesos productivos


Internet de los Sentidos

La siguiente revolución que ya está en marcha es la de la computación cognitiva. Se busca la fusión de lo humano, lo físico y lo digital. Se pretende imitar el comportamiento del cerebro humano en lo que ya se conoce como Internet de los Sentidos.


Ericsson, ha elaborado un interesante informe sobre este tema, donde:

  • Remarca que el cerebro será la interfase de usuario y la tecnología estará preparada para responder a nuestros pensamientos, e incluso a compartirlos con otros. Usar el cerebro como interfase podría significar el fin de los teclados, ratones, o dispositivos de control de juegos. El usuario sólo necesitará pensar en las órdenes, y éstas ocurrirán.

  • Se atreve también a hacer predicciones sobre las experiencias inmersivas de que podremos disponer en un futuro cercano para los distintos órganos sensoriales.

Actualmente nuestra interacción con las máquinas se basa fundamentalmente en tres sentidos: la vista para recibir información a través de las pantallas, el oído con las instrucciones proporcionadas o recibidas por voz, y el tacto para proporcionar información a través de teclados, ratones o monitores táctiles. En esta nueva era de computación cognitiva avanzamos hacia un espectro de comunicaciones mucho más amplio, en donde el resto de los sentidos jugarán también un rol relevante, y con estos tres habrá mejoras muy significativas. Veamos algunos ejemplos de las expectativas por sentido:


Vista: Con la irrupción de pantallas holográficas 3D, desaparecerá la diferencia entre la realidad física y digital casi por completo. Será difícil discernir lo real de lo virtual, y tendremos una realidad fusionada en ambas direcciones.

Por un lado, los objetos digitales se convertirán en parte de la realidad física pudiendo usar gafas de realidad aumentada (AR) que permitan colocar objetos digitales en cualquier lugar con una calidad tan alta que parecerán completamente reales. Por otro lado, la realidad física se volverá tan transitoria como los datos digitales, y hasta se espera que las gafas de AR permitan ver a través de paredes o incluso edificios enteros.


Oído: Existirán traductores instantáneos que permitirán controlar nuestro entorno de sonido. Dispondremos de auriculares que traduzcan idiomas a la perfección y de forma automática. Con ellos será posible llamar a cualquier persona en el mundo, en cualquier idioma, sonando como nosotros mismos o como otra voz a imitar. La tecnología romperá la barrera del idioma para poder viajar al extranjero, impartir conferencias o trabajar en otro país.

Se espera también tener la capacidad de crear una burbuja de sonido digital que permita controlar nuestro entorno de sonido para escuchar sólo lo que nosotros queramos en cada momento -por ejemplo, cuando estemos inmersos en grandes aglomeraciones como un autobús lleno de gente.


Olfato: Será posible visitar lugares lejanos de manera digital y experimentar los aromas naturales de esos sitios.

La experiencia de mirar cualquier tipo de video será mucho más inmersiva si pudiendo oler la acción. Podremos también evitar malos olores cada vez que queramos, transformando digitalmente malos olores en fragancias agradables.

También se espera poder controlar cómo huele cada uno para los demás, usando perfume y desodorantes digitales.

El olor es importante. El lenguaje químico del olor es una sensación física que nos afecta directa y profundamente, pero posiblemente sea el mayor reto al que nos enfrentamos, pues somos capaces de procesar unos 450.000 olores diferentes, una gama tan inmensa que el proceso resulta muy complejo.


Gusto: Colocando un dispositivo en la boca se podrá mejorar digitalmente el sabor de los alimentos que comemos, para que todo sepa exactamente como queramos o incluso para paladear los sabores de nuestra infancia o productos ya desaparecidos.

El gusto determina en gran medida la manera en que recordamos el pasado, y la tecnología nos ayudará a que las fotos de fiestas y vacaciones transmitan no solo visualmente lo que pasó, sino también permitan saborear lo agridulce de todo.

Supondrá una revolución en las compras online de alimentos y bebidas con la capacidad de probar muestras digitalmente desde la comodidad de nuestros propios dispositivos.

Podremos ver programas de cocina en TV que permitan experimentar el sabor de la comida en pantalla.


Tacto: Se espera poder llegar a tocar cualquier cosa y en cualquier lugar, de manera completamente digital a través de dispositivos que estimulen los nervios para sentir cualquier objeto o persona.

En medicina, por ejemplo, será un avance significativo lograr reproducir en una pantalla la sensación de pinchar en un brazo o incluso operar a una persona.

Los dispositivos ofrecerán incluso esa sensibilidad de fuerza realizada al presionar un objeto, y por ejemplo los teléfonos inteligentes ofrecerán pantallas capaces de transmitir que los botones e íconos se retraen cuando se les aplica fuerza.

Pero la capacidad de sentir texturas digitales irá mucho más allá de los límites de una pantalla de teléfono inteligente y se espera poder sentir digitalmente cualquier cosa, desde algo simple como un pelota, hasta la piel de otra persona.


Para hacer realidad todas estas predicciones en cuanto al Internet de los sentidos, será necesario que la tecnología siga avanzando y que la velocidad de las redes de transmisión de datos aumente. De hecho está previsto que el 6G sea 50 veces más rápido que el 5G, y que esté a nuestro alcance a finales del 2030.


En resumen, vivimos un momento de transformación digital en todos los aspectos de nuestra vida cotidiana y vamos hacia una inmersión absoluta de lo digital y lo físico.

El mundo empresarial tampoco es ajeno a ello, se vislumbra un amplio potencial de nuevos modelos de negocio, y de hecho ya podemos ver que desde hace tiempo el mensaje de marketing de muchos negocios hace más énfasis en la “experiencia” que en el “producto” que se ofrece.



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